Cuando vamos por la calle y nos encontramos frente a frente con una persona ciega, nos llenamos de temores y dudas, que causan actitudes involuntarias que discriminan. Para muchos, toparse con una persona ciega les deja más preguntas que experiencias; Surgen las benditas dudas que al final nos impiden interactuar de forma enriquecedora, amable e inclusiva.
La gente a la que le suceden estas situaciones logra experimentar la sensación de como la mente se llena más de preguntas en vez de respuestas, preguntas que por lo general son: ¿Cómo se dice cuando una persona es ciega? ¿Como tratar a una persona ciega? ¿Cómo vive una persona ciega? ¿Cómo hace una persona ciega para descubrir un objeto? ¿Qué necesita una persona ciega? ¿Cómo se dice vidente o invidente? Son tantas las preguntas que por lo general se evita abordar o interactuar con aquellas personas y es allí donde se produce la tan odiada discriminación, deciden no vivir la grandiosa experiencia de tratar a una persona con discapacidad visual.
Culpa histórica.
Solo hasta hace poco se puso de moda hablar de discapacidad y esto es porque fueron líderes de la población ya mencionada que tomaron la bandera en pro de la causa que siempre ha pretendido ganar espacios en la sociedad de antes y ahora.
Logros como la creación de organismos públicos que atiendan sus necesidades, la generación de equidad a través del uso correcto de la terminología para referirse a ellos, leyes que potencian la inclusión en varios escenarios y muchas cosas más son logros de la misma comunidad.
A decir verdad, escenarios como las instituciones educativas, sirven de medidor a la hora de hablar de inclusión, porque si bien para diciembre de 2019 había en total 1.298.738 Personas con Discapacidad identificadas y localizadas según el registro oficial del Ministerio de Salud y Protección Social (RLCPD). Entendiendo que de esa cantidad hay solo un grupo que está en edad escolar y otro tanto requiere finalizar los estudios de primaria y secundaria, increíblemente tan solo unos pocos están en instituciones educativas y los que no pueden estar por su edad requieren de la voluntad del estado e instituciones a fines para finalizar sus estudios básicos.
Ahora, en muy pocas instituciones educativas, se imparte algún tipo de asignatura o materia relacionada con discapacidad, entonces si desde niños no nos hablan de discapacidad, siempre terminaremos teniendo adultos incapaces de abordar correctamente a este grupo de personas; a esto nos referimos cuando hablamos de culpa histórica.
Es por este conjunto de falencias históricas que la plena inclusión de las personas con discapacidad es hasta ahora un mito en el que algunos héroes logran ganar espacios donde se les reconozcan como iguales.
Es por la existencia de organizaciones como la Fundación Hogar Taller Para Ciegos Ángel de Luz que cada vez más la inclusión deja de ser un mito para convertirse en realidad y nos complace en presentarles este espacio donde principalmente personas con discapacidad visual pueden dar a conocer sus ideas, conocimiento, opinión y demás.

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